José Espinós - Diácono

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Carta Circular Come è a conoscenza

 

Sagrada Congregación para la Educación Católica

Se señalan diferentes tipos de formación según los distintos tipos de diaconado

Gabriel María Card. Garrone


A los Revmos. REPRESENTANTES PONTIFICIOS Reverendísimo Monseñor, como Vuestra Reverendísima Señoría ya sabe, el Santo Padre, con el Motu propio "Sacrum Diaconatus ordinem", según los votos manifestados en el Concilio Vaticano II, concedió el permiso de restablecer en la Iglesia latina el Diaconado permanente. Considerando que algunas Conferencias Episcopales pidieron a la Santa Sede dicho permiso para su Nación, se hace necesario y urgente definir algunas normas para la preparación de los candidatos al Diaconado permanente.

El primer paso a realizar por cada Conferencia Episcopal debería consistir, en el supuesto caso que no se haya hecho ya, en el nombramiento de una Comisión de expertos, que estudie a fondo el problema según las exigencias de cada Nación, con el fin de analizar si existen motiva-ciones valederas que aconsejen la introducción de la nueva institución y de que manera se puede realizarla eficazmente. Será conveniente tener en cuenta, en dicho estudio, algunos principios fundamentales, ya indicados en el citado Motu propio. Tratándose de un problema nuevo para nuestro tiempo, determinar "a priori" una "ratio studiorum" y un programa de formación para los candidatos al Diaconado permanente, constitu-ye una cuestión no priva de dificultades. Ante todo es necesario determinar las funciones propias del Diácono, intermediario entre el Sacerdote y los fieles; funciones que tienen diversos enfoques según las diferentes Confe-rencias Episcopales, como ya se había visto en la discusión en el Aula Conciliar. Además hay que tener en cuenta que los candidatos al Diaconado pueden ser de dos tipos, como está previsto por el Concilio y por el Motu propio: los jóvenes con voto de celibato, y hombres grandes ya casados con una profesión o un empleo. Otra diferencia es la del destino de los Diáconos: no se puede requerir la misma formación para los Diáconos destinados a lugares de misión o a países todavía en desarrollo, que para aquellos que ejercerán su función en Naciones con un grado de civilización y cultura bastante elevado. Es, por lo tanto, tarea de cada Conferencia Episcopal determinar el tipo o los tipos de Diaconado que considere más idóneos a las necesidades del País, y, por consiguiente el tipo de preparación que se tendrá que realizar. Considerando los diversos tipos de formación, los esquemas de los programas de estudio tendrán que ser diferentes. Para los jóvenes que eligen el celibato, habría que pensar en la creación de Institutos particulares con cursos de estudio bastantes organizados y con formación espiritual, que preparen los candidatos al futuro ministerio diaconal. Mientras que para los hombres casados, los cursos deberán ser compatibles con los compromisos laborales, por lo tanto, se organizarán cursos nocturnos o semanas de estudio más o menos prolongadas. Para esta segunda categoría de candidatos hay que tener en cuenta la cultura ya adquirida, y, en tal caso, los cursos podrán ser más acelerados; mientras que para los otros, que recién terminan los cursos elementales, la preparación requerirá seguramente más tiempo. De todo modo hay que evitar absolutamente una preparación apurada o superficial, ya que las tareas de los Diáconos, según lo que establece la Constitución "Lumen gentium" (n° 29) y el Motu Propio (n° 22), son de tal importancia que exige una formación solida y eficiente. Los Diáconos deben, de hecho, preparar para el Bautismo a los catecúmenos; explicar y comentar la Palabra de Dios en la predicación; preparar los fieles para el Matrimonio y observar todo lo que se refiere a la celebración de este sacramento; sustituir el sacerdote ,cuando falta, en la preparación de los fieles a la muerte y administrarles el Viático. Todo esto conlleva una formación doctrinal que va más allá de la de un simple catequista y en cierta forma análoga a la del Sacerdote. Los cursos deberán, por lo tanto, comprender el estudio: a) de la Sagrada Escritura con todos los conocimientos que permitan comprender y explicar a los fieles la Palabra de Dios en orden al progreso de la vida espiritual. Por lo tanto, el Diácono, en ausencia del Sacerdote, deberá estar capacitado para dar la Homilía y presidir la Liturgia de la Palabra. b) del Dogma: este estudio deberá ser semejante al de los Institutos de Catequesis, destinados a los religiosos no sacerdotes. Se podrá tomar como ejemplo el que desarrollan los Hermanos de las Escuelas Cristianas o el de los cursos superiores de Religión reservado a los laicos de un cierto nivel cultural. El enfoque tendrá que ser prevalentemente bíblico y kerigmático; se podrán evitar los puntos excesivamente controvertidos, señalando sin embargo, estas problemáticas por medio de la lectura de fragmentos elegidos de los Padres de la Iglesia, de teólogos y de autores ascéticos. c) de la Moral: relativo a la profundización de la moral individual, social y política, por lo menos a nivel de los catequistas o de los cursos que se realizan para los inscriptos a la Acción Católica. d) del Derecho Canónico: especialmente por lo que se refiere al Matrimonio y a la pastoral de preparación de los fieles que irán a recibir este sacramento. e) de la Liturgia: insertándolo posiblemente en el curso de Dogmática que incluye también los co-nocimientos relativos al desarrollo de las ceremonias sagradas. f) enseñanzas técnicas, que preparen los candidatos para algunas actividades del ministerio, como la psicología, pedagogía catequística, elocuencia, canto sagrado, planteamiento de organizacio-nes católicas, administración eclesiástica, como mantener al día los registros de los bautismos, confirmaciones, matrimonios, fallecimientos, etc. Si bien no hay que insistir en requerir a los futuros Diáconos todo el conjunto de disciplinas que constituyen el bagaje indispensable de los aspirantes al sacerdocio, (como la Historia eclesiástica, el curso completo de Derecho Canónico, la filosofía), sin embargo, en ciertas regiones, y particularmente para los Diáconos que ejercerán su ministerio en las ciudades, será oportuno que puedan completar su formación cultural con esas disciplinas que exigen las situaciones locales particulares, como por ejemplo, el estudio de las religiones paganas, el ecumenismo, el conjunto de las cuestiones filosóficas, en particular de las que mas están en boga, el estudio de ciertos problemas económicos, políticos, etc. Por lo tanto, será tarea de los Obispos de cada Nación, prever qué conjunto de disci-plinas exige el ministerio diaconal en su propio territorio. Además hay que tener en cuenta que la formación cultural no se agota con la ordenación diaconal, hay que prever una formación "permanente", es decir continua, por medio de cursos de "aggiornamento" reservados a los diáconos o con la participación en la semanas de estudio desti-nadas a los sacerdotes. Su Señoría Rev. quiera presentar estas indicaciones al Presidente de la Conferencia Episcopal de esta Nación, para que se proceda - si los Obispos lo consideran oportuno- a la crea-ción de la susodicha Comisión de expertos, que quede al servicio de la misma Conferencia, para el estudio de este importante problema. Su Señoría, cuando eleve al Presidente lo expuesto, quiera también rogarle que nos haga saber lo que actualmente se realiza con respecto al Diaconado permanente en su País, y las eventuales iniciativas que se hayan realizado en la preparación de los futuros diáconos. Nos permitimos pedirle, fraternalmente, Rev.mo Monseñor, que nos mantenga constantemente informados sobre el tema, ya que esta sagrada Congregación desea estar al tanto de lo que acontece en esta Nación en el mérito del nuevo sector que se está abriendo en la organización de la Iglesia. Agradecidos por la molestia que le acarreamos, con los sentimientos de mayor estima nos confirmamos sus devotos en el Señor.