José Espinós - Diácono

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Diaconado Permanente en Bolivia

 

Diaconado Permanente en Bolivia


Índice General
DIRECTORIO 1
PARA EL DIACONADO PERMANENTE 1
EN BOLIVIA 1
Índice General 2
Introducción 3
Capítulo I Realidad de la Iglesia Boliviana: La necesidad del Diaconado Permanente 3
1.- La realidad cultural.- 3
2.- La realidad social.- 4
3.- La nueva evangelización: despertar del compromiso cristiano de muchas personas.- 4
4.- La carencia de ministros propios de la Iglesia boliviana.- 5
Capítulo II Iluminación desde la Biblia, la historia de la Iglesia y el magisterio 5
1.- Jesús, servidor de Dios y de la humanidad.- 5
2.- El diácono en el Nuevo Testamento.- 6
3.- Los diáconos en la enseñanza de los Padres.- 6
4.- Los diáconos y la participación de la comunidad.- 7
5.- La restauración del diaconado por el Concilio Vaticano II.- 7
6.- Doctrina reciente del Magisterio Universal y Latinoamericano.- 8
Capítulo III Identidad del Diácono Permanente en la Iglesia de Bolivia 8
1.- Servidor de la santificación del orden temporal.- 8
2.- Servidor de los pobres.- 9
3.- Servidor de la inculturación del evangelio.- 10
4.- Diáconos rurales y urbanos.- 11
5.- La doble sacramentalidad del diácono permanente.- 11
6.- Ministro de una Iglesia servidora.- 12
Capítulo IV Criterios para la elección de candidatos al diaconado permanente 14
1.- Vocación.- 14
2.- Elección eclesial.- 15
3.- Candidatos de los institutos de la vida consagrada 15
4.- Perfil del candidato.- 15
Capítulo V Formación y Seguimiento 16
1.- Formación humana.- 17
2.- Formación espiritual.- 17
3.- Formación teológica y doctrinal.- 17
4.- Formación pastoral.- 18
5.- Formación permanente y seguimiento.- 19
6.- Formación y acompañamiento de las esposas y familias.- 19
7.- Formación y concientización de todo el Pueblo de Dios.- 19
Capítulo VI Proceso para acceder al diaconado 20
1.- La comisión diocesana para el diaconado permanente.- 20
2.- Presentación y candidatura.- 20
3.- Lectorado y acolitado.- 21
4.- Admisión al orden del diaconado.- 21
5.- Ordenación, entrega de la misión del diácono e incardinación.- 22
Capítulo VII Retribución y Administración de los bienes 22

Introducción
Este directorio para el diaconado permanente en Bolivia es un apoyo que la Conferencia Episcopal Boliviana brinda a las Iglesias Locales de Bolivia. En conformidad con los Motu Proprio del Papa Pablo VI, “Sacrum Diaconatus Ordinem” de 1967 y “Ad Pascendum” de 1972, el Derecho Canónico (CIC) de 1983, las "Normas básicas de la formación de los diáconos permanentes” y el “Directorio para el ministerio y la vida de los diáconos permanentes” de las congregaciones pontificias para la educación católica y para el clero de 1998, queremos aplicar estas normas y directrices a la realidad boliviana. El directorio no repite necesariamente todo lo definido en estos documentos. Además, no pretende reglamentar cada detalle en todas las jurisdicciones, ya que reconocemos la legítima autonomía de cada obispo diocesano. Sin embargo, queremos apoyar el proceso de conformación y el desarrollo del ministerio del diaconado permanente y su contextualización en las diversas realidades de Bolivia. Cada jurisdicción en Bolivia deberá elaborar sus propios reglamentos para el diaconado permanente.
Capítulo I
Realidad de la Iglesia Boliviana:
La necesidad del Diaconado Permanente
1.- La realidad cultural.-
1. Bolivia se reconoce a sí misma como un país “multiétnico y pluricultural” . Son muy marcadas las diferencias étnicas y culturales en las diferentes regiones del país, y – a causa de la migración creciente – entre los mismos vecinos de un solo lugar. Existen – además de las justas diferencias – prejuicios, rechazos y discriminaciones entre Bolivianos que pertenecen a culturas diferentes. Las culturas ancestrales y originarias son, en la actualidad, cada vez más marginadas y despreciadas. Sin embargo, podemos constatar también un creciente movimiento de valoración de la propia cultura en vastos ámbitos de la población boliviana, que va más allá de la mera folclorización . El proceso de la globalización propicia el nacimiento y el desarrollo de nuevas culturas, ante todo en las zonas marginales de las grandes urbes. De esta manera, no solamente se agudizan las diferencias culturales entre los Bolivianos, sino además se pone de manifiesto la creatividad cultural del pueblo.
2. Reconocemos la profunda religiosidad de nuestros pueblos. Desde los tiempos ancestrales, fueron “descubriendo las huellas del Dios Creador en todas sus criaturas: el Sol, la Luna, la Madre Tierra, los volcanes y las selvas, las lagunas y los ríos” . Ellos aceptaron e incorporaron el mensaje del evangelio cuando les fue anunciado. La religiosidad popular todavía es un signo fuerte y visible de la espiritualidad de los pueblos bolivianos. Asimismo, constatamos un auge de las expresiones del compromiso cristiano a partir de la nueva evangelización.
3. Esta realidad cultural y religiosa exige esfuerzos mayores para implementar en nuestra Iglesia ministros y agentes de pastoral que estén insertos profundamente en su propia cultura y sepan llevar a cabo un diálogo intercultural. Necesitamos ministros que vivan de la raíz profunda de su cultura religiosa y que sepan evangelizar el puebla de manera inculturada. Es preciso que estos agentes de pastoral no solamente pretendan conservar lo tradicional sino que busquen el desarrollo de sus culturas y el diálogo con la modernidad.
2.- La realidad social.-
4. La pobreza es una realidad en grandes sectores de nuestros pueblos, pobreza material que afecta a las clases más marginadas tanto del campo, como de los barrios periféricos de nuestras ciudades. Es ahí justamente donde surgen los fenómenos del abandono religioso y espiritual y de la división social, que conllevan el riesgo de ser avasallados por las sectas religiosas, los partidos políticos y otros grupos que dividen a los pobres. El fenómeno de la migración es otro desafío que tiene gran repercusión en un mundo globalizado. Son numerosas las familias abandonadas y divididas a causa de la migración. Finalmente, no podemos ignorar que esta pobreza es consecuencia no solamente de estructuras injustas y de una dependencia internacional de la economía boliviana, sino también producto de la injusticia que ejercen no pocos ciudadanos bolivianos y de la corrupción generalizada.
5. A esta situación de pobreza e injusticia se suma la experiencia dolorosa de las divisiones entre bolivianos, de manera que no nos sentimos como una sola nación, sino que se hacen diferencias a causa del color de la piel, del apellido, del idioma materno y del lugar de nacimiento. A estas expresiones de racismo se aumentan todavía el rechazo a los discapacitados, la marginación de las mujeres y la explotación de los pobres. Frente a estas situaciones de pobreza, de injusticia y de discriminación, no deja de comprometernos la confianza que expresa el pueblo boliviana cada vez hacia la Iglesia Católica.
6. De estas realidades y de su fidelidad a la evangelización integral se desprende la importancia del trabajo social de la Iglesia en Bolivia. En un mundo de sufrimiento, de injusticia y de marginación, no se puede pronunciar la palabra de Dios que es Buena Noticia, si no va expresada a través de buenas noticias concretas en las áreas de los derechos humanos, la justicia, la economía, la educación, la salud y otras . La preocupación social de la Iglesia y la promoción humana ejercida por ella son, por lo tanto, signos visibles de la nueva evangelización .
3.- La nueva evangelización: despertar del compromiso cristiano de muchas personas.-
7. “La presencia y el crecimiento de las Comunidades Eclesiales de Base y de varios movimientos de evangelización constituyen las respuestas adecuadas a los desafíos de la nueva evangelización.” Mientras el viejo paradigma de la cristiandad se está desvaneciendo en muchos ámbitos de nuestro país, notamos que el compromiso cristiano de un número creciente de personas se está despertando. Nos alegra el creciente compromiso de nuestras hermanas y hermanos laicos, no solamente dentro de sus parroquias y movimientos, sino también en el mundo llamado seglar. Vemos con mucho contento el trabajo desinteresado de miles de catequistas rurales y urbanos y de otros laicos que dedican tiempo y esfuerzos a la construcción del Reino de Dios sin esperar otra recompensa que la prometida por el Señor .
8. Queremos destacar la existencia, dentro de este movimiento de la nueva evangelización, de diversas vocaciones cristianas que se están presentando en la actualidad. Muchos laicos, mujeres y varones, sienten el llamado de Dios a comprometerse cada vez más profundamente en el servicio de sus hermanas y hermanos. Según el carisma de cada uno, estas vocaciones son muy diferentes. Mientras unos se sienten llamados a trabajar como catequista, lector o ministro de la comunión, otros realizan este llamado de Dios dentro de su ámbito social, político o profesional. Es en este contexto que los pastores de la Iglesia en Bolivia nos percatamos de la necesidad de restaurar el ministerio del diaconado permanente para nuestras Iglesias Locales. El deseo de contar con diáconos permanentes no nace tanto de las carencias e insuficiencias que sentimos, sino de la abundancia de vocaciones y del ansia de compromiso que sienten muchos laicos. Si Dios llama, es preciso responder. Si existe esta variedad de vocaciones diferentes, tenemos que darles su lugar.
4.- La carencia de ministros propios de la Iglesia boliviana.-
9. Nuestra Iglesia en Bolivia se caracteriza por la carencia de ministros propios, de agentes de pastoral suficientemente formados, de pastores con rostro propio. Es muy probable, que en un futuro no muy lejano ya no podremos contar con un número tan elevado de sacerdotes, religiosos y laicos que – no pocas veces con mucho sacrificio – vienen a estas tierras para anunciar el mensaje del evangelio. Existen muchos lugares, ante todo en el área rural y en las zonas emergentes de nuestras ciudades, que no cuentan con un agente de pastoral que se responsabilice por la predicación y realización de la palabra de Dios. En la Iglesia en Bolivia hace falta, además, un clero indígena y autóctono para asumir con seriedad los retos de la inculturación del evangelio en las diferentes culturas de nuestro país .
10. El diaconado permanente no será, por cierto, la solución de todos los problemas de nuestro país y de nuestra Iglesia ni tampoco la única respuesta que vamos a dar frente al surgimiento de muchas vocaciones en la nueva evangelización. Creemos, sin embargo, que la plena restauración del diaconado permanente en todas las jurisdicciones del país es una necesidad frente a la realidad social, cultural y eclesial que acabamos de esbozar. Es necesaria, sin embargo, una profunda iluminación de la identidad del diácono permanente, para no entrar en confusiones y malentendidos, ya que muchas veces, por la novedad de este ministerio, no se entiende a cabalidad sus características.
Capítulo II
Iluminación desde la Biblia, la historia de la Iglesia y el magisterio
1.- Jesús, servidor de Dios y de la humanidad.-
11. El modelo del diácono permanente es el mismo Jesucristo, como afirman los obispos latinoamericanos en Puebla, cuando llaman al diácono “signo sacramental del «Cristo Siervo»” . Es este mismo Jesucristo quien dijo: “Cualquiera que quiera ser grande entre ustedes será el servidor de ustedes.” (Mt 20,26) y también: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” (Mc 10,45) Jesús nos dio un ejemplo maravilloso de esta misión de servicio, cuando el día antes de su pasión, invirtiendo el orden social establecido, “se levantó mientras cenaba; se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó con ella. Luego echó agua en una vasija y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secarlos con la toalla con que estaba ceñido.” (Jn 13,4-5) Siguiendo este modelo, el diácono no pretenderá alcanzar prestigio ni poder, sino se convertirá en el servidor de la humanidad, ante todo de los pobres, en los que reconoce el rostro de Dios al que quiere servir.
2.- El diácono en el Nuevo Testamento.-
12. Ya desde los orígenes, los apóstoles tuvieron diversos colaboradores en el ministerio y establecieron sucesores suyos. Los ministros que desde los primeros tiempos existen y actúan en la Iglesia son los obispos, los presbíteros y los diáconos . Estos últimos, en el tiempo del Nuevo Testamento, son, como indica su nombre, servidores de la Palabra de Dios y de los pobres. Su ministerio en la comunidad cristiana es importante e imprescindible. De los colaboradores de San Pablo, varios son llamados “diáconos” , y según el testimonio del propio Apóstol, este ministerio fue ejercido también por mujeres. La primera carta a Timoteo recomienda que las personas que ejercen el ministerio del diaconado sean personas probadas y de buen testimonio. Aunque son pocas las referencias explícitas al ministerio diaconal que se encuentran en los libros neotestamentarios, es obvio que el diaconado como ministerio eclesial permanente goza no solamente del testimonio más fidedigno y auténtico sino además de la valoración y el aprecio de los autores del Nuevo Testamento.
3.- Los diáconos en la enseñanza de los Padres.-
13. Los diáconos gozan asimismo del respeto y de la estima de parte de los Padres de la Iglesia. Al diácono lo llaman “el amigo de los huérfanos, de las personas piadosas, de las viudas, fervoroso de espíritu” . Reconocen en el diácono en primer lugar su capacidad de atención a los pobres dentro y fuera de la comunidad cristiana y la consideran como cumplimiento de su misión: “La función de los diáconos es el ministerio de Jesucristo” . “Es necesario que los diáconos, que son diáconos de los misterios de Cristo Jesús, agraden a todos. No son, en efecto, servidores de comida y bebida sino diáconos de la Iglesia de Dios.” Sin embargo, también tienen tareas litúrgicas y sacramentales: “Al diácono se le ha encomendado la misión de llevar la Sagrada Comunión a los enfermos que no pueden salir de casa”, ”administrar el Bautismo” “y predicar la palabra de Dios según las indicaciones del obispo”. De este modo el diaconado floreció en la Iglesia testimoniando el amor a Cristo y a los hermanos, en el cumplimiento de las obras de caridad , en la celebración de los ritos sagrados y en la práctica de las funciones pastorales .
4.- Los diáconos y la participación de la comunidad.-
14. En el NT hay muchos ministerios que poco a poco, sobre todo en el Occidente se van concretizando en: el episcopado (monárquico), el presbiterado y el diaconado, es así que en cada Iglesia local se establecerá un Obispo, con un consejo de presbíteros y algunos diáconos. Profundizando en esta realidad nos daremos cuenta que el Diaconado permanente no es un ministerio reciente en la Iglesia y los siguientes textos nos permitirán contemplar dos cosas importantes:
• Que hubo una evolución de los ministerios que resaltó siempre la participación de la comunidad en la organización y en la elección de los ministros y, por supuesto de los diáconos permanentes.
• Que el origen del diaconado se la encuentra en la elección de los Siete hombres de “buena reputación, llenos del espíritu de sabiduría”
5.- La restauración del diaconado por el Concilio Vaticano II.-
15. Después de un largo tiempo en el que el diaconado pasó a ser tan solo un paso hacia el sacerdocio, el Concilio Vaticano II decidió “restablecer [...] el diaconado como grado propio y permanente en la jerarquía” y estableció además que “este diaconado se podrá conferir a hombres de edad madura, aunque estén casados” . Entre los motivos de esta decisión es preciso destacar “la intención de reforzar con la gracia de la ordenación diaconal a aquellos que ya ejercían de hecho funciones diaconales” . Además, se reconoció que una Iglesia que vive sin el ministerio de los diáconos, es incompleta, ya que las funciones del diácono son “necesarias para la vida de la Iglesia” . De este momento en adelante, numerosas conferencias episcopales en todo el orbe católico han restaurado el diaconado como ministerio permanente en la Iglesia, y este servicio se ha extendido dando muchos frutos evangélicos, como dice el Papa Juan Pablo II al respecto: “Algunas diócesis han formado y ordenado no pocos diáconos, y están plenamente contentas de su incorporación y ministerio” .
16. El mismo concilio, en el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia, da otro motivo para la restauración del diaconado permanente diciendo: “Pues parece bien que aquellos hombres que desempeñan un ministerio verdaderamente diaconal, o que predican la palabra divina como catequistas, o que dirigen en nombre del párroco o del Obispo comunidades cristianas distantes, o que practican la caridad en obras sociales y caritativas sean fortalecidos y unidos más estrechamente al servicio del altar por la imposición de las manos, transmitida ya desde los Apóstoles, para que cumplan más eficazmente su ministerio por la gracia sacramental del diaconado.” Como este ministerio “es conveniente y útil [...] sobre todo en los territorios de misiones” , nosotros, como pastores de Bolivia, sostenemos que, en un país que cuenta con vastos territorios misionales y en el que la pastoral evangelizadora en todo el país se reconoce misionera, el ministerio del diaconado permanente es imprescindible para nuestras Iglesias Locales.
6.- Doctrina reciente del Magisterio Universal y Latinoamericano.-
17. Desde el concilio Vaticano II, el magisterio universal se ha pronunciado en varias ocasiones sobre el ministerio diaconal. Entre los diferentes documentos hay que destacar el Motu Proprio del Papa Pablo VI “Sacrum Diaconatus Ordinem” , con el que se restauró oficialmente el diaconado permanente en la Iglesia Católica, y el Motu Propio “Ad Pascendum” del mismo Papa, en el que describe el diácono como “el abogado de las necesidades y deseos de las comunidades cristianas” . Posteriormente, el Codex Iuris Canonici recoge muchos pronunciamentos pontificios y magisteriales en sus normas sobre el diaconado . El Papa Juan Pablo II, finalmente, en no pocas ocasiones se ha mostrado sumamente contento con la labor y el servicio que los diáconos permanentes prestan a la Iglesia Católica.
18. También los obispos latinoamericanos, en sus diferentes conferencias generales, se pronunciaron a favor de los diáconos permanentes y aplicaron la doctrina sobre este ministerio a la realidad de nuestro continente. Cabe destacar lo dicho en Puebla: “La implantación del diaconado permanente [...] deberá hacerse buscando «lo nuevo y lo viejo». No se trata simplemente de restaurar el diaconado primitivo sino de profundizar en la Tradición de la Iglesia Universal y en las realidades particulares de nuestro continente, buscando mediante esta doble atención una fidelidad al patrimonio eclesial y una sana creatividad pastoral con proyección evangelizadora.” En Santo Domingo, los obispos concretizan: “Para una Nueva Evangelización que, por el servicio de la Palabra y la Doctrina Social de la Iglesia, responda a las necesidades de promoción humana y vaya generando una cultura de solidaridad, el diácono permanente, por su condición de ministro ordenado e inserto en las complejas situaciones humanas, tiene un amplio campo de servicio en nuestro continente.”
Capítulo III
Identidad del Diácono Permanente en la Iglesia de Bolivia
1.- Servidor de la santificación del orden temporal.-
19. La identidad y la misión del diácono permanente se definen desde la misión de la Iglesia, cuya “razón de ser es actuar como fermento y como alma de la sociedad, que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios” . De esta manera también el diácono está llamado a “colaborar en la edificación de este mundo” , conjuntamente con los laicos, como con todos los cristianos y además con todas las personas de buena voluntad. El diácono, por lo tanto, realiza esta misión no solamente en el trabajo estrictamente pastoral. También a través del “testimonio sin palabras” , por su trabajo civil y familiar , por su vida de matrimonio y familia , por la educación de sus hijos, por su inserción en la sociedad, sus instituciones y organizaciones y a través de su compromiso de ciudadano el diácono puede “impregnar y perfeccionar todo el orden temporal con el espíritu evangélico” . Por esto, el diácono no debe de ninguna manera relegar las responsabilidades de su vida civil, al contrario, tiene que asumirlas como parte de su misión sagrada. El trabajo propiamente pastoral no puede exigir del diácono que éste deje de atender sus demás responsabilidades. Además de dar un pésimo ejemplo como representante de la Iglesia, el diácono “que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación” .
20. El diácono permanente ejerce esta tarea de la santificación del orden temporal junto con los laicos, quienes son los primeros responsables de esta misión . Acompaña, apoya y fortalece a los laicos en su compromiso con la transformación del mundo. Se debe sentir en todo un hermano de los laicos y colaborar con ellos. No es el superior de los laicos, sino su servidor. Como todos los representantes del sagrado orden en la Iglesia Católica, “está al servicio del sacerdocio común, en orden al desarrollo de la gracia bautismal de todos los cristianos” . Mientras el diácono no podrá asumir cargos directivos en las organizaciones populares, y no podrá militar en ningún partido político, acompañará y apoyará a los laicos que lo hacen.
2.- Servidor de los pobres.-
21. Los obispos latinoamericanos, en su conferencia general de la ciudad de Medellín, coincidieron en que “todos los miembros de la Iglesia están llamados a vivir la pobreza evangélica.” Mientras condenaron “la pobreza como carencia de bienes”, alabaron “la pobreza espiritual” y “la pobreza como compromiso” , a través de las que la Iglesia asume la situación de los pobres de este mundo para dar testimonio de la Palabra de Dios en esta realidad. La Iglesia en América Latina, y concretamente en Bolivia, desde aquellos años, siempre se ha sentido llamada a esta pobreza evangélica y no solamente a asumir la condición de los pobres y acogerlos a ellos dentro de su seno, sino a convertirse cada vez más en una Iglesia de los pobres. El diácono permanente es un representante excepcional de esta Iglesia, ya que por un lado muchas veces proviene de los sectores más pobres de nuestra sociedad, y por otro lado está llamado a vivir la opción por los pobres de la Iglesia, como la definieron los obispos en Puebla y Santo Domingo .
22. El diácono permanente, en la Iglesia Antigua, muchas veces era el encargado de la preocupación social de la comunidad. Es necesario recuperar este significado del diaconado para nuestra Iglesia boliviana. El diaconado tiene que identificarse con el servicio de la Iglesia a los pobres, con su deseo de integrarlos en sus comunidades y reconstruirse a si misma desde los pobres. El servicio del diácono no debe ser, por tanto, meramente asistencialista, aunque es muy loable si el diácono se hace cargo de los proyectos y obras sociales de la parroquia, zona pastoral o diócesis. El servicio del diácono hacia los pobres va más allá, porque significa asumir la pobreza evangélica haciéndose uno de ellos e invitándoles de esta manera a asumir su identidad cristiana y católica y formar parte activa de la Iglesia a la que ya pertenecen. Por tanto, el diácono no solamente cuidará de los pobres, enfermos, ancianos, huérfanos y otros abandonados y marginados de su parroquia y comunidad, sino apoyará a los pobres en sus organizaciones y los acompañará en sus luchas y reivindicaciones.
23. En este marco es preciso aclarar la cuestión de la economía del diácono. Aunque es cierto que no se debe poner bozal al buey que trilla, como dice el Apóstol , la ganancia económica no puede ser la primera preocupación del diácono permanente, como de ningún otro ministro ordenado. Por lo contrario, es preciso evitar toda tentación del diácono hacia la comercialización de los sacramentos y por ende, el sacramentalismo. Como norma, el diácono permanente debe vivir de los ingresos de su trabajo o profesión civil . Sin embargo, para apoyarle en su trabajo pastoral, es recomendable que la parroquia le reconozca sus gastos de pasajes, materiales etc. y le permita utilizar las herramientas y medios de los que dispone. Asimismo, recomendamos que se procure en cada diócesis un sistema de seguro para posibles casos de enfermedad grave, accidente, desempleo, vejez y muerte de los diáconos . Cae en la competencia de cada obispo establecer normas complementarias para su jurisdicción .
3.- Servidor de la inculturación del evangelio.-
24. El diácono permanente, por su vida familiar, de vecino, de ciudadano y parte del sistema económico, está inmerso en las diferentes culturas de su realidad. Ante todo el diácono rural es parte de la cultura ancestral de su pueblo, pero también el diácono urbano vive dentro de una determinada cultura o un sistema de culturas interrelacionadas. Por esta cercanía a las culturas, el diácono se convierte en el ministro más importante de la inculturación del evangelio. Por un lado, es servidor del evangelio, y como lo proclama y realiza dentro de su cultura, buscará métodos y caminos de su inculturación. Por otro lado, como servidor de su pueblo, es también servidor de su cultura y le servirá buscando – en unión con todas las personas de buena voluntad – la defensa y el desarrollo de estas culturas, en conformidad con el mensaje evangélico. Así contribuye a formar un rostro más auténtico e inculturado de la Iglesia Católica.
25. En esta tarea, lo más fundamental es el respeto profundo del diácono hacia las culturas de su medio, sea la propia o sean las de la gente con la que vive y trabaja. No se sentirá un ser superior a los demás, sino se considerará su servidor en todo. El respeto se extiende a las expresiones auténticas culturales y religiosas como los mitos, las creencias, los ritos y la cosmovisión del pueblo. Él mismo asumirá la propia sabiduría ancestral heredada de sus antepasados como un don de Dios a los pueblos que todavía no habían recibido el mensaje del evangelio. De esta manera aprenderá a conjugar las semillas del Verbo esparcidas por los campos de su cultura y la Palabra de Dios revelada en la Iglesia Católica.
26. Por esta realidad, el diácono se constituye en un protagonista del diálogo intercultural. Por su vida y su propia educación inserta en una determinada cultura, y por su educación cristiana y la ordenación sacramental, es conocedor de la propia cultura y del mensaje cristiano. Por tanto, contribuirá en persona propia al diálogo entre ambos. Participará en las costumbres y en los ritos de su pueblo, y los penetrará con el espíritu cristiano. No negará asumir ninguna responsabilidad que su cultura le puede ofrecer, y la ejercerá como ministro de la Iglesia Católica. Buscará la comprensión y la aceptación del mensaje del evangelio desde la cosmovisión de su pueblo, y expresará el gozo de las celebraciones cristianas que presida con signos y símbolos propios de su cultura .
4.- Diáconos rurales y urbanos.-
27. Para definir la identidad y el perfil de los diáconos permanentes en Bolivia, es preciso tomar en cuenta las diferencias entre los contextos rural y urbano. Ciertamente no se puede separar estas dos dimensiones, como además muchos diáconos trabajarán en el campo y en la ciudad a la vez. Queremos, sin embargo, señalar algunas diferencias dignas de ser respetadas al momento de considerar el perfil del diácono permanente en Bolivia. Los diáconos rurales, por su parte, son casi exclusivamente catequistas antiguos con mucha experiencia y compromiso. Son o pueden llegar a ser líderes en su comunidad o hasta en su zona. Ellos promueven una Iglesia inculturada y llevan a cabo el diálogo intercultural. Aumentan en los laicos campesinos la conciencia de ser Iglesia. De esta manera, además, defienden a la población del trabajo destructor de las sectas. El diácono rural puede ser el responsable de una parroquia o zona parroquial abandonada. También puede ser el encargado del trabajo social en el campo y de proyectos de desarrollo integral de la parroquia. Colaborará con las organizaciones campesinas e indígenas para el fortalecimiento de los pueblos originarios. Estamos conscientes de que en el campo existe el peligro de abandono y falta de seguimiento de los diáconos permanentes, más que todo por el posible cambio de párroco. Puede darse también, en casos aislados, un sacramentalismo extremo. Otro problema, que puede convertirse en una oportunidad, es el de la migración a la que el diácono rural puede verse obligado.
28. Los candidatos urbanos al diaconado tienen mayormente un mayor grado de educación formal, por lo que se les puede exigir una formación más académica y formal. Los diáconos urbanos pueden desempeñar tareas a nivel diocesano o regional, también en la pastoral especial, pueden hacerse cargo de la Pastoral Social a nivel parroquial y buscar la colaboración con las juntas vecinales y escolares. Ayudan a la concientización, organización y formación de los laicos de su parroquia y ciudad. Por lo general, disponen de menos tiempo para la formación y el trabajo, por las obligaciones laborales.
29. Procúrese no separar los dos grupos de candidatos y diáconos. Se deben realizar reuniones periódicas entre ambos grupos para no crear comunidades diaconales separadas en una sola jurisdicción. Es importante, además, acompañar a los diáconos que por motivos laborales o personales migran del campo a la ciudad o al revés.
5.- La doble sacramentalidad del diácono permanente.-
30. Para señalar la peculiaridad más característica del ministerio del diaconado permanente, los obispos latinoamericanos hablan de su “doble sacramentalidad” . Aunque el diaconado permanente lo pueden recibir también varones célibes y viudos, sin embargo, la gran mayoría de los diáconos están casados, y por esto el ministerio es identificado en muchos ámbitos por la estrecha relación que se da en él entre los sacramentos del matrimonio y del orden. Como todos los sacramentos tienen el mismo origen, en la vida del diácono permanente casado se enriquecen y profundizan mutuamente los sacramentos del matrimonio y del orden. El sacramento del sagrado orden no puede mermar la gracia de Dios que el esposo ha recibido en el sacramento del matrimonio, más bien la refuerza y renueva, de manera que el diácono casado puede vivir la plenitud de su ministerio dentro del matrimonio y puede profundizar éste con la gracia de la ordenación diaconal. Si el ejercicio del ministerio diaconal llega a perjudicar la vida familiar del diácono y de su esposa, pone en peligro la misma gracia sacramental conferida en la ordenación, así como la mala conducción de la vida matrimonial y familiar perjudica la práctica del sacramento de la ordenación. Por lo contrario, ambos sacramentos se apoyan y refuerzan mutuamente.
31. Por lo tanto, destacaremos ahora en primer lugar la influencia que tiene el sacramento del orden sobre la vida familiar del diácono. Éste, ordenado a ser diácono o sea servidor, se convierte también en el servidor de su propia familia. Como la familia, con mucha razón, es llamada la “Iglesia doméstica” , el diácono, cuando sirve a su familia, sirve a la Iglesia y a Dios mismo. Además, el amor conyugal y la felicidad familiar dan testimonio del amor de Dios hacia la humanidad . El esposo y padre de familia vivirá, por tanto, más unido a su familia y le servirá más, una vez que se haya ordenado diácono. Su ministerio diaconal no le exige, sin embargo, solamente la educación cristiana y católica de sus hijos y el servicio de santificación dentro de la familia, sino una entrega íntegra a todas las necesidades, sean espirituales o corporales, de los miembros de su familia. La gracia recibida en la ordenación reforzará de manera decisiva la gracia matrimonial, de suerte que la unión que Dios bendijo el día de su matrimonio se profundizará y se expresará en nuevas formas de servicio a su familia. De esta manera, el sacramento de la ordenación, como no puede separar lo que Dios unió , unirá nuevamente de manera sagrada al diácono casado con su esposa y su familia.
32. De manera parecida, el sacramento del matrimonio ejerce una influencia positiva sobre el ministerio del diácono. No sin razón el concilio valora “la familia cristiana, cuyo origen está en el matrimonio, que es imagen y participación de la alianza de amor entre Cristo y la Iglesia” . El diácono casado, por lo tanto, puede vivir su ministerio desde la plenitud sacramental de la experiencia del amor de Cristo en su matrimonio. Él es testigo de este amor, ya desde el sacramento del matrimonio, ya desde el sacramento del orden, y su ministerio es anunciar y realizar este amor para el bien de la humanidad. Además, practica la misión evangelizadora de la Iglesia a partir de las experiencias de la vida conyugal y familiar: la convivencia, la sexualidad, la educación, la conversación, el trabajo compartido etc. Por esto, en su propia persona, testifica a los demás cristianos que la vida familiar, así como la vida profesional o trabajadora y la vida de ciudadano son medios de santificación. Su ministerio diaconal adquiere de esta forma la expresión vivida de la unión entre fe y vida, vida terrenal y celestial. La gracia sacramental recibida en el matrimonio es la base desde la que el diácono casado asume el nuevo sacramento en la ordenación diaconal, y el marco, dentro del cual ejerce su ministerio. Así concretiza y profundiza el sacramento del orden y pone de relieve que también este sacramento es expresión del amor que Cristo tiene hacia la Iglesia.
6.- Ministro de una Iglesia servidora.-
33. El Concilio Vaticano II, al finalizar sus reflexiones sobre la Iglesia en el mundo actual, concluye de manera maravillosa su doctrina que la Iglesia es la servidora de la humanidad con estas palabras: “Los cristianos [...] no pueden tener otro anhelo mayor que el de servir con creciente generosidad y con suma eficacia a los hombres de hoy.” Como era el mismo concilio el que dio el impulso para la restauración del diaconado permanente en la Iglesia, y además su mismo nombre lo sugiere, son los diáconos los primeros llamados a realizar esta misión de la Iglesia y ser servidores. Todo su trabajo en nombre de la Iglesia tiene que ser servicio. Ni el poder, ni las riquezas, ni el prestigio, ni la ostentación pueden ser móviles auténticos del diácono permanente en su trabajo pastoral. Su único anhelo será el mencionado por el concilio, el servicio a la humanidad. Por tanto, las tareas que el diácono puede o debe desempeñar dentro de la Iglesia, se deben entender dentro de este marco del servicio a la humanidad. Si a continuación detallamos las funciones del diácono permanente, será necesario tomar en cuenta dos aspectos: Uno, que el ministerio del diácono no se limita a las funciones concretas que pueda ejercer, sino que se concretiza en su vida diaria, sea profesional o familiar. Dos, que todo su ministerio y también estas funciones deben ser expresiones concretas del servicio que la Iglesia presta a la humanidad. Finalmente, las siguientes funciones no se deben entender como obligatorias en su totalidad para cada uno de los diáconos permanentes. A cada uno se le asignará una misión y funciones concretas según la necesidad del lugar de su servicio y según sus dones personales, tomando en cuenta los cuatro servicios siguientes.
34. El servicio de la caridad es el más propio del diácono. El servicio amoroso, desprendido y gratuito a los pobres y necesitados, en los que descubre y sirve al mismo Cristo pone de manifiesto la vinculación que existe entre la mesa del cuerpo de Cristo y la mesa de los pobres . Concretamente, este servicio se expresa en las siguientes funciones:
a. Buscar y atender a los pobres y necesitados en la parroquia, barrio o comunidad.
b. Conscientizar y organizar la comunidad cristiana para que pueda responder a las necesidades que surgen en ella.
c. Acompañar y guiar grupos de autoayuda.
d. Alentar el compromiso ciudadano a favor de la liberación integral de las personas con preferencia hacia los más marginados de nuestra sociedad.
e. Organizar y supervisar la pastoral social y las pastorales específicas de la parroquia, zona o diócesis.
f. Velar y administrar los bienes de la comunidad.
35. Con el servicio de la liturgia, el diácono ayuda a la comunidad cristiana a celebrar unidos los misterios del Señor, los del pasado y los de nuestros días. Aunque es necesario procurar que este servicio no reemplace la totalidad del ministerio del diácono permanente, es una tarea importante frente a la escasez de ministros ordenados en nuestro país. En concreto, las funciones litúrgicas del diácono son las siguientes:
a. Celebrar los sacramentos del bautismo y del matrimonio.
b. Ejercer un papel específico en la misa.
c. Promover la celebración de la liturgia de la palabra en las comunidades donde y cuando no llega el sacerdote.
d. Distribuir la sagrada comunión a los enfermos; cuidar, conservar y administrar la eucaristía.
e. Acompañar o presidir los ritos para los difuntos.
36. No menos importante para el ejercicio del ministerio del diaconado permanente es el servicio de la Palabra de Dios. Este ministerio compromete al diácono a la lectura asidua de la palabra de Dios y a su estudio y reflexión, para que pueda servir a la evangelización, ayudar a las personas en el camino hacia la fe y fomentar la transformación y renovación de la persona humana, de las estructuras y de la cultura. Muchas veces estará a su cargo el primer anuncio de la palabra, pero también la catequesis y la predicación son tareas suyas. Esto significa concretamente:
a. Ser responsable de la catequesis de la parroquia; animar, formar y acompañar a los catequistas.
b. Promover la pastoral bíblica en la parroquia, zona pastoral o diócesis.
c. Dar cursos de formación en comunidades y grupos.
d. Testimoniar la Palabra de Dios en las organizaciones de la sociedad civil.
e. Proclamar la Palabra de Dios y pronunciar la homilía.
f. Denunciar las situaciones inhumanas y conscientizar a la comunidad en su compromiso misionero y profético.
g. Respaldar con el testimonio de su propia vida personal y familiar el anuncio de la palabra.
37. Finalmente, a través del servicio a la comunidad, el diácono contribuye a la construcción de la comunión fraterna entre los cristianos. Conjuntamente con el obispo, el párroco y los demás encargados de las comunidades cristianas, ayuda a que el Pueblo de Dios crezca y se fortalezca. Como funciones concretas mencionaremos:
a. Ayudar a todos a insertarse y participar en la vida y misión de la comunidad cristiana desde el don y carismas recibidos.
b. Promover y sostener las actividades apostólicas de los laicos, ayudándoles a “descubrir y valorar sus propios carismas y su servicio a la comunidad” .
c. Guiar en nombre del obispo y del párroco una comunidad lejana o una parroquia desatendida.
d. Compartir la responsabilidad por la parroquia en el consejo pastoral, el consejo económico y otros consejos y equipos que pueden haber.
38. El diácono es parte del clero. Es importante constatar que los diáconos “actúan [...] bajo la autoridad del obispo” y no del sacerdote, sino colaboran con él de manera fraterna. Procúrese que no se produzca ninguna separación o división entre los hermanos de los diferentes órdenes dentro del clero, como tampoco entre clérigos y laicos. Aunque los diáconos se organizarán en comunidades fraternas a nivel diocesano y nacional, se integrarán asimismo a la comunidad del clero diocesano. Conjuntamente con todo el clero, profundizarán cada vez más el imperativo evangélico de ser “servidores de todos” (Mc 10,44) imitando el ejemplo de Jesús “que se despojó a sí mismo, tomando la forma de un servidor” (Fil 2,7).
Capítulo IV
Criterios para la elección de candidatos al diaconado permanente
1.- Vocación.-
39. El diaconado es un don y una gracia del Señor. Dios es quien elige y llama gratuitamente y por amor. Nadie puede exigirlo como una realidad que le sea debida en virtud de sus méritos o servicios prestados. Por lo mismo, nadie puede ser obligado o presionado a aceptar el ministerio del diaconado. El diaconado no se lo puede otorgar como un premio a laicos comprometidos, ya que nace de un llamado de Dios. Este llamado brota de una vida de fe, una experiencia de oración, un espíritu de servicio desinteresado y de una opción personal por los pobres. Es un llamado que se comprueba primero en la vida laical: el amor conyugal y familiar, el servicio a la comunidad, el compromiso en la Iglesia, la preocupación por los afligidos y necesitados. Nada puede reemplazar este llamado personal y concreto. El ministerio diaconal es una vocación divina. Realícense en cada jurisdicción actividades de discernimiento vocacional dirigidas a personas que pueden estar llamadas a asumir este ministerio.
40. Aunque la vocación es una experiencia espiritual y personal, es preciso disponer de algunos criterios para el discernimiento vocacional . Compete únicamente al obispo diocesano discernir sobre la autenticidad de la vocación de un candidato, aunque éste, oportunamente, consultará con los demás responsables para la formación y con todo el Pueblo de Dios. Como criterios mínimos de discernimiento vocacional queremos establecer: vida de oración y de espiritualidad, sentido de Iglesia, espíritu de pobreza, capacidad de comunión fraterna, caridad y humildad hacia los hermanos, integración a una comunidad cristiana . Para los candidatos célibes, se debe comprobar además su madurez y estabilidad afectiva; para los candidatos casados, vida familiar y matrimonial estable y ejemplar; para los viudos, “solidez humana y espiritual en su estado de vida” ; para los candidatos religiosos, estabilidad y madurez en el estado religioso así como equilibrio y serenidad en el cumplimiento de los votos evangélicos.
2.- Elección eclesial.-
41. Aunque la decisión sobre la vocación del candidato es atribución únicamente del obispo diocesano, es conveniente que éste haga participar oportunamente a otras instancias eclesiales en este proceso de discernimiento. Por lo tanto, el párroco del candidato deberá presentar un informe sobre la idoneidad del candidato. Asimismo, la comunidad parroquial, del movimiento o sector pastoral en el que se desenvuelve, debe ser consultada. De la misma manera, se puede consultar a otras personas, ligadas a la Iglesia, quienes en el pasado conocieron al candidato. Durante el tiempo de formación del candidato, sus formadores participarán en este proceso de discernimiento. En las comunidades rurales, se debe procurar, según los usos y costumbres de la cultura local, el consentimiento, el aval o hasta la elección de parte de todos los comunarios y el reconocimiento del candidato por parte de las autoridades. Finalmente, es necesario ya desde el inicio del discernimiento vocacional, pedir la opinión y el parecer de la esposa de un candidato casado y de sus hijos mayores.
3.- Candidatos de los institutos de la vida consagrada
42. Si un miembro de un instituto religioso desea participar de un curso de formación al diaconado permanente realizado dentro de una diócesis o jurisdicción, debe contar no solamente con el permiso escrito de sus superiores, sino además con el compromiso de ellos de que el futuro diácono permanecerá por un tiempo justo en la diócesis que lo ha formado. Durante el tiempo de formación, se integrará plenamente a la comunidad de los candidatos y participará de todas las actividades. Su actividad pastoral se desarrollará “bajo la autoridad del ordinario del lugar” , aunque seguirá asimismo conservando la obediencia a sus superiores. Los diferentes institutos pueden, sin embargo, crear sus propios cursos de formación al diaconado permanente.
4.- Perfil del candidato.-
43. El candidato al diaconado permanente es un varón de edad madura. En el momento de ser admitido al sacramento del orden, debe haber cumplido los 35 años . No se establece ninguna edad máxima. Que el aspirante al ministerio diaconal lleve por lo menos cinco años de compromiso en alguna parroquia, movimiento o institución pastoral. Si está casado, es preciso que tenga la experiencia y probidad de por lo menos cinco años de matrimonio. Tenga una reputación positiva tanto en su vida eclesial como civil. “Puede provenir de todos los ambientes sociales y ejercer cualquier actividad laboral o profesional a condición de que ésta, según las normas de la Iglesia y del juicio prudente del Obispo, no desdiga del estado diaconal.” Quedan excluidos los militares y policías en pleno ejercicio de su servicio. Si el candidato tiene hijos de relaciones anteriores o es viudo, es preciso que tenga establecida su responsabilidad para el sustento y la educación de sus hijos.
44. A nivel personal, se requiere que sea una persona equilibrada, con capacidad para el discernimiento, para la escucha y el diálogo, y sin ningún desequilibrio psíquico. Que disponga de madurez afectiva y social, capaz de crear relaciones nuevas, de adaptarse a situaciones diversas y de trabajar en equipo. Que sea una persona honesta y cumplidora, con sentido moral, responsable en su trabajo, amante de la verdad y de la justicia. Debe ser disciplinado en el consumo de bebidas alcohólicas y debe vivir una unión matrimonial y vida familiar ejemplares. Que sus ingresos personales y familiares sean seguros y suficientes para permitirle la dedicación voluntaria al ministerio del diaconado.
45. En lo social y comunitario, el candidato al diaconado debe ser sociable y amigable, responsable en su trabajo y en sus obligaciones comunitarias y cívicas, presto al servicio. Que haya demostrado su responsabilidad laboral y esté comprometido en las organizaciones de su sector. Sea una persona con especial sensibilidad por los sectores más empobrecidos y marginados.
46. Con respecto al ámbito espiritual y eclesial, procúrese que un candidato al ministerio del diaconado tenga una profunda experiencia personal de Dios en su vida. Que sea un hombre de oración y de fe, conocedor y amante de la Biblia y con un profundo amor a los pobres. En sus años de servicio a la Iglesia debe haber comprobado su capacidad de servicio y liderazgo cristiano, su comunión con laicos y sacerdotes, su sentido comunitario y eclesial y su disponibilidad para la comunidad.
Capítulo V
Formación y Seguimiento
47. “La Iglesia tiene el deber, y el derecho propio y exclusivo, de formar aquellos que se destinan a los ministerios sagrados” Es la conciencia de la misma Iglesia (por los obispos), mucho más clarividente y la opción de mayor compromiso para proveer a la cura de nuestra comunidad eclesial.
48. Establézcase en cada jurisdicción eclesial un plan de formación para candidatos al diaconado permanente que tenga en cuenta las normas eclesiásticas y las sugerencias dadas a continuación. Este plan puede comprender encuentros o cursos diferentes para candidatos urbanos y rurales. Es necesario prever los ámbitos de formación referidos en este capítulo, a ser formación humana, espiritual, teológica, pastoral y permanente, así como la formación de las esposas de los candidatos, de los demás agentes de pastoral y de todo el Pueblo de Dios. El primer responsable para la formación es el obispo diocesano que establecerá oportunamente otras responsabilidades. La duración del curso de formación es de tres años y se llevará a cabo en la comunidad fraterna de todos los candidatos.
49. Es deseo de todos los obispos, según lo norma el Código de Derecho Canónico, proveer a todos los candidatos al diaconado permanente una formación adecuada y suficiente para “que puedan cultivar la vida espiritual (en y desde su realidad vivencial y posteriormente ministerial) y cumplan dignamente los oficios propios de este orden” , según el plan establecido oportunamente.
1.- Formación humana.-
50. El diácono debe estar dispuesto a dejarse ayudar en la mejora de sus cualidades humanas, que son preciosos instrumentos para su servicio eclesial, y a perfeccionar todos aquellos modos de su personalidad que puedan hacer que su ministerio sea mas eficaz. Debe practicar, en su ministerio y en su vida diaria, la bondad de corazón, la paciencia, la amabilidad, la fortaleza de ánimo, el amor por la justicia, el equilibrio, la fidelidad a la palabra dada, la coherencia con las obligaciones libremente asumidas, el espíritu de servicio. La práctica de estas virtudes ayudará al diácono a llegar a ser un hombre de personalidad equilibrada, maduro en el hacer y en el discernir hechos y circunstancias. El diácono permanente, consciente de la ejemplaridad de su comportamiento social, debe reflexionar sobre la importancia de la capacidad de diálogo, sobre la corrección en las distintas formas de relaciones humanas, sobre el valor de la amistad. Durante el tiempo de su formación debe reflexionar sobre los peligros del consumo de alcohol, sobre las estructuras económicas injustas en las que participa por su actividad laboral, sobre el rol de la mujer en la vida familiar y los derechos de los niños, sobre la discriminación cultural tan enraizada en nuestra realidad y – si es necesario – corregir su comportamiento en estos ámbitos.
2.- Formación espiritual.-
51. El candidato buscará profundizar cada vez más su vida cristiana y la experiencia de Dios. Como fundamento y expresión imprescindible de esa experiencia cristiana, el candidato cultivará las siguientes actitudes cristianas: Espíritu de oración. Amor a la Iglesia con una participación activa, fraterna y responsable en la vida de la comunidad en la cual se encuentra inserto. Disponibilidad para el servicio gratuito y desinteresado. Caridad fraternal y solidaridad hacia todas las personas, muy especialmente hacia los pobres y los que sufren. Coherencia de vida con los valores del evangelio, manifestada tanto en el ámbito eclesial como en el familiar y social. El candidato al diaconado y su familia alimentarán su vida espiritual mediante la oración familiar y personal, la lectura asidua de la Palabra de Dios y la participación en la celebración de los sacramentos, en primer lugar de la sagrada Eucaristía. El candidato participará de los retiros programados y se servirá de un acompañamiento de un director espiritual quien conozca y acompañe también a la familia.
3.- Formación teológica y doctrinal.-
52. La formación teológica comprenderá el conocimiento suficiente de los contenidos de los ministerios revelados de la Iglesia y de las circunstancias culturales de la persona humana en la actualidad para el desempeño de la acción evangelizadora. El plan de estudios para la formación de los futuros diáconos debe ser elaborado en cada jurisdicción eclesiástica y abarcará las siguientes áreas del saber humanístico y teológico:
a. Fundamentación bíblica y eclesiológica de la teología.
b. Estudio del Antiguo y Nuevo Testamento en orden a la comprensión, interpretación y explicación de la palabra de Dios.
c. Doctrina Social de la Iglesia. (Características propias de la moral personal y social, aplicación concreta de la Opción por los Pobres.)
d. Naturaleza de la celebración de los sagrados misterios, las celebraciones litúrgicas propias del diácono y lo relativo a la pastoral de los sacramentos.
e. Teoría y práctica de la inculturación del evangelio en las diferentes culturas propias de la jurisdicción. Profundización del ministerio indígena en la Iglesia Católica.
f. Derecho Canónico, especialmente referente al bautismo, al matrimonio y a los ministerios, también las normas del derecho particular de cada jurisdicción.
g. Reflexión teológica pastoral sobre los temas más importantes de la acción pastoral, como son las fiestas, los santos, los difuntos, los sacramentos, las sectas; conocer la pastoral de las diferentes edades de la vida y la planificación pastoral.
h. Profundización en las ciencias humanas. (Antropología Cultural, Psicología, Sociología, Pedagogía, Género)
i. Conocimiento de las leyes civiles y estatales propias del ámbito social del trabajo de los diáconos. (Por ejemplo las leyes sobre las tierras, el agua, las minas, el trabajo, el medio ambiente, la discriminación de la mujer, la educación, la participación ciudadana...)

53. Según la Sacrum diaconatus ordinem n. 7-10 y 14, y según las normas, este plan de formación deberá comprender un periodo no menor de tres años, a no ser que por causas justas la Conferencia Episcopal autorice una excepción a la ley en alguna circunscripción .

54. El obispo y sus representantes designarán a los profesores y el lugar o centro en el que se cursarán los estudios. Se pueden unir varias jurisdicciones para la formación de los diáconos. Los estudios serán adaptados y organizados de manera que se compagine con el trabajo y tiempo disponible de los candidatos. Sería muy conveniente que los candidatos que reúnan la capacidad obtuvieran la licenciatura o el bachillerato en teología o en misionología. Los procedimientos de enseñanza se adaptarán a las capacidades, condiciones y circunstancias de los futuros diáconos, facilitándoles medios y cauces idóneos para conseguir la mejor formación posible para el desarrollo del ministerio. En lo posible, se organizarán cursos diferentes para candidatos rurales y urbanos. Es preciso invitar a las esposas de los candidatos a los cursos y realizar encuentros anuales, en los que participen los candidatos acompañados por sus esposas. Facilítese además la participación de los candidatos y sus esposas en los encuentros nacionales del diaconado permanente.
4.- Formación pastoral.-
55. Durante el proceso de formación el candidato al diaconado está integrado en la vida y misión de una comunidad parroquial. En ella madura su fe y vida cristiana, vive la corresponsabilidad en el servicio pastoral de la misma y celebra su fe. El candidato participa de encuentros, seminarios, talleres y acciones especiales de la diócesis y zona pastoral a las que pertenece su parroquia. Es miembro del consejo pastoral de la parroquia. Asume algunos servicios apostólicos concretos dentro de esta comunidad. Es responsabilidad del párroco acompañarle, interpelarle y ayudarle a mejorar cada vez más su servicio pastoral. A manera que avanza la formación doctrinal del candidato, se insertará también en algún servicio de pastoral especial (penitenciaria, de salud, de ancianos...) y asumirá servicios de homilía en la parroquia. Procurará a través de su ministerio fortalecer la pastoral de conjunto. De esta manera el futuro diácono se preparará para el ejercicio de su ministerio en el servicio a la caridad, a la palabra y a la liturgia, así como su inserción en la vida diocesana. Prevéase un acompañamiento oportuno a los párrocos de los candidatos.
5.- Formación permanente y seguimiento.-
56. Después de la ordenación, los diáconos permanentes deben participar en talleres periódicos de formación permanente y seguimiento. Estos talleres deben servir para el intercambio, el acompañamiento, la solución de problemas, la profundización de la espiritualidad diaconal y del conocimiento teológico. Abarcarán los cuatro ámbitos mencionados anteriormente: la formación humana, espiritual, teológica y pastoral. Una vez al año, se realizará un encuentro de todos los diáconos permanentes de la jurisdicción, conjuntamente con sus esposas. El obispo invitará a los diáconos permanentes a todas las reuniones del clero diocesano, sea a nivel diocesano, regional o local. Los diáconos participarán en la medida posible de las reuniones pastorales de su zona y de la diócesis. A través de sus representantes, participan en las reuniones de los diáconos permanentes a nivel nacional e internacional. El seguimiento más importante que se le debe brindar al diácono permanente, es el acompañamiento personal y local. El obispo diocesano y los sacerdotes que colaboran con el diácono, así como los demás diáconos de la jurisdicción tienen la responsabilidad de acompañarle de cerca, apoyarle en cualquier problema que pueda tener y ayudarle a profundizar su espiritualidad de servicio.
6.- Formación y acompañamiento de las esposas y familias.-
57. Siempre se procurará que las esposas y familias de los diáconos casados puedan participar en la formación o que tengan sus propios encuentros. Ante todo en las jurisdicciones y también en las parroquias en las que todavía no se conoce el ministerio del diaconado permanente, es preciso acompañar con paciencia y comprensión el proceso de entendimiento y consentimiento de las esposas y familias. Procúrese que la esposa sea parte del proceso preparativo desde el principio y que entienda que ella deberá dar su consentimiento a la ordenación diaconal. Por lo tanto, desde el inicio de la formación de los candidatos al diaconado, a las esposas se les explicará el senti